XXª
Entrega Premios Trayectoria APA/2019
Artes visuales: Jorge Meijide
Por unos segundos nada más, los invito a viajar por los
años de nuestra infancia.
Balero, trompo, yo-yo, bolitas, figuritas, payana,
zancos, teléfono de latas, autitos preparadas con
masilla, el carrito de rulemanes, el ring y raje, los
partidos de pelota diez y diez, veinte y veinte, el
empedrado, el guardabarreras accionando a tracción de
sangre, el mecano, el ludo, el cerebro mágico, Chan el
mago que contesta, el domi nuestro, la fascinación de la
radio, la seducción de las primeras imágenes de la tele.
Sin playstations a la vista, estos eran los lazos de
convivencia entre los chicos del barrio. La solidaridad,
la presencia del otro, esta inevitable melancolía que
nos invade marcará profundamente el quehacer futuro de
Jorge.
La escuela primaria lo muestra inquieto y muy creativo,
hace los dibujos clásicos de las fiestas patrias,
estudia dibujo y pintura con una profesora del barrio.
Más tarde aparecen las caricaturas de los profesores y
el humor que conservará toda su vida. Observador y
cuestionador, su herramienta gráfica nos mostrará con
gracia y cierto sarcasmo nuestro mundo de absurdos y
contradicciones..
Lentamente, por esas extrañas conmociones de la
existencia, se produce un giro total en su vida.
Comienza a pensar que el arte es una frivolidad,
superficial, sin sentido. La clave está en la medicina.
Además de infinidad de médicos de la tele que devora con
pasión, tiene por faro al dr Schveitzer, médico
filósofo, teólogo, músico franco-alemán misionero en
África, premio Nobel de la paz en 1952, quien abogó
fervorosamente por reverenciar y valorar la vida. Esta
lucha por los derechos de los relegados encajaba
perfectamente en las ideas de Jorge y no deja de tomarlo
como ejemplo.
Actualmente vivimos todos apurados, somos protagonistas
de la modernidad líquida, concepto que acuñara el
filósofo Zygmunt Bauman, todo fluye y desaparece, nada
queda, solo la incertidumbre. Sin embargo, hubo otra
Argentina, tal vez más ingenua y más crédula que hasta
bien avanzado el siglo veinte tenía otro ritmo. Algunas
letras de tango, de películas, u obras de teatro lo
atestiguan como una herencia imborrable de cierta época.
“M´hijo el dotor,” título de una obra teatral de
Florencio Sánchez estrenada en 1903 se convirtió en una
expresión popular y manifestaba el orgullo de quien
podía con esfuerzo lograr un importante ascenso social.
No ocurrió así en el entorno de Jorge cuando éste
anunció su intención de ser médico. Sus padres se
quedaron atónitos frente de las revelaciones de un hijo
que vivía inmerso en un mundo de imágenes. Para nada
podían creer la seriedad de sus intenciones.
Se equivocaron. Se recibe en el año 1973 cómo médico
pediatra. Ejerce durante catorce años en hospitales,
consultorios, guardias, siempre con fervorosa dedicación
y amorosa empatía hacia sus pacientes. Ya era conocido
en la zona el vehículo con el que realizaba los
recorridos. El Ami 8, la perra Julieta y la tercera
pasajera no menos importante, Silvia, que sería su
esposa y madre de sus tres hijas: Paula, Mariana y
Cecilia.
Sin embargo la felicidad no dura eternamente, es
escurridiza y voluble. Como dice Rubén Blades en su
canción Pedro Navajas: la vida te da sorpresas,
sorpresas te da la vida. Cortito y redondo. Quien
explica el loco, patético y cambiante torbellino de los
sentimientos.? El azaroso aleteo del amor posee alas
indomables y extravagantes.
Jorge en simultáneo a su desempeño profesional, empieza
a madurar otro quehacer determinante en su vida. La
actividad gremial, es un sentimiento que lo desborda,
está en su ADN; donde aparece algo injusto y arbitrario,
necesita involucrarse. Este quehacer, defendiendo
particularmente los derechos de los artistas, lo
acompaña hasta el día de hoy.
En el 72 se inscribe en Estímulo y lentamente empieza a
enviar a los salones. En el 80 gana el Primer Premio del
Salón Nacional y comienza una seguidilla de Premios. En
el 82 el Municipal, en el 85 el de Santa Fe y en el 87
el Gran Premio del Salón Nacional, El Trabucco, el
tercero de Taiwan y otros.
A partir del 87 año abandona su carrera de médico para
dedicarse plenamente al arte y posteriormente a la
docencia. Fue una decisión lentamente analizada y
sopesada, nuevamente un giro intenso en su vida. Yo
tengo una loca y esotérica reflexión sobre el tema. El
uso de la birome era muy común en esa época, elemento
que Jorge usaba con frecuencia para sus trabajos. Pues
bien biró en húngaro significa juez y árbitro, es
evidente que la birome arbitró a favor de la actividad
artística. Y no se equivocó. Desde el 78 hasta el 99
Jorge tiene una importante presencia en la histórica y
revulsiva revista Humor. En el 80 crea al dr Cureta, el
alter ego chanta del doctor Schweitzer. Es tal el éxito
del personaje que en el 86 se concreta la película con
el inolvidable Gianni Lunadei y Katja Alemán como
principales protagonistas.
Empieza a trabajar en diversas revistas de humor y
también para Billiken pero no puede dejar los cariños de
su infancia. En su muestra en el Ctro, Cult. Recoleta
rearma toda una clase con útiles escolares gigantes,
realiza convocatorias para intervenir baleros y más
adelante los yo - yos con carácter itinerante por
diversas zonas del gran Buenos Aires. La adhesión de los
artistas fue entusiasta y muy numerosa.
En el 97 se produce nuevamente un hermoso encuentro con
el amor. Ella es Adriana, una bella arquitecta de gran
nivel profesional. En 2002 nacerá Francisco, maravilloso
regalo de la vida. Finalmente en el 2011 se concreta su
gran sueño: El Museo del juguete.
Quiero destacar que en mi presentación se empleó el
término solidaridad en varias ocasiones y no fue casual.
Disculpen, soy un fanático del origen de las palabras y
conocerlas nos aclara muchas cosas. Solidaridad viene
del latín, solidus, sólido, firme, compacto. El sufijo
dad significa la cualidad. El diccionario dice, adhesión
circunstancial a la causa o empresa de otros. 5-6
idiomas europeos entre los más difundidos tienen una
etimología muy afín. No es llamativo? Tenemos otro
detalle: la persistencia, del latín persistens,
persistensis o sea mantenerse firme y perseverante.
Todas estas condiciones las podemos reconocer en Jorge
cuando se trata de defender los derechos de los
artistas. No solo se compromete dejando atrás valiosas
horas personales, sino además propone y motoriza
situaciones sin esperar nada a cambio.
Finalmente una sugerencia para los presentes. Si
encuentran alguna arbitrariedad, algún abuso, algún
atropello en materia cultural, o de Derechos Humanos,
llámenlo a Jorge, alias El Meiji. Con cara cansada, un
poquito maltrecho, bostezando, pero con creciente
entusiasmo, es muy probable que se integre a la causa.
Ladislao Magyar
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